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Tourism

Mallorca, ¡qué guapa!

 

Entre los yates de lujo y el turismo masivo existe un territorio intermedio del que disfrutan los propios mallorquines. La isla balear en 17 pistas de autenticidad y buen gusto

Chiringuito Mirador de sa Foradada, en Deià, un lugar para ver la puesta de sol. / Tolo Ramón

Hay muchas islas dentro de Mallorca. La isla del tesoro de la industria turística, que produjo tantos dividendos en los años sesenta y setenta y que ahora, según comentan los del gremio, da cada vez para menos. Aunque este punto del Mediterráneo se sigue llenando de una amplia muestra de personajes y clases sociales europeas, desde banqueros del Credit Suisse en agroturismos de cinco estrellas hasta fontaneros de Düsseldorf con una semana por delante para crearse una obstrucción de cañerías a base de cerveza, sol y noches salvajes, en régimen de todo incluido. Está también la Mallorca de los yates, ubicada en el punto neurálgico de Porto Portals. Paraísos flotantes que fondean cada verano. Dinero rápido y en metálico para los jóvenes extranjeros de vida bohemia que trabajan en el sector toda la temporada para luego surfear en Hawai o, simplemente, pasar el invierno en un lugar barato y caliente. Existe también otra isla que busca la privacidad y que se esconde en mansiones en medio de la sierra de Tramontana o en chalets con acceso al mar, donde viven los famosos con parcelas en el Edén: Claudia Schiffer, Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, Boris Becker, el millonario alemán Peter Eisenmann… Pero este mundo está tan escondido que solo se le puede ver con teleobjetivo.

Javier Belloso

Para los que no pertenezcan a ninguno de estos colectivos existe también otra Mallorca más bohemia y cercana a sus verdaderos habitantes, los que no la abandonan en cuanto llega el invierno e intentan pasar los dos meses de frío (enero y febrero) en casas modernistas sin calefacción y con excesivas rendijas en sus ventanas. Personajes interesados en unir el ocio y el negocio, la bolsa y la vida y que ven en la isla un buen lugar para practicar esta filosofía. Si se dispone de lo básico, me atrevería a decir que el nivel de vida de alguien de clase media-baja no difiere aquí mucho del de un potentado que haya adquirido su vivienda en la prohibitiva firma inmobiliaria Engel & Völkers, al menos en lo esencial. El sol sale para todos, el plato mallorquín por excelencia, el pa amb oli, es humilde y consta de pan, aceite y lo que se le quiera añadir, y en menos de una hora uno puede llegar desde cualquier punto de la isla a la playa de Es Trenc, que compite en calidad y belleza con las mejores del mundo y que se mantiene intacta a pesar de los sucesivos intentos de construir complejos hoteleros cerca, lo que ha hecho que la consigna “salvemos Es Trenc” pase de generación en generación.

Marlene Albaladejo en la tienda ‘vintage’ La Pecera, en Palma de Mallorca. / Tolo Ramón

Por amor al arte

La crisis ha hecho que los muchos artistas que viven en esta isla deban ingeniárselas para sobrevivir en un mundo cada vez menos tolerante con la vida bohemia. Algunos, hasta lo consiguen. Trampa Teatre (Pelleteria, 5, Palma) es un teatro alternativo y de improvisación, y probablemente uno de los que más llenan, en parte por sus reducidos precios (entre 3 y 8 euros). Pere Pau Sancho, Diego Ingold, Lorenzo Pons y Germán Conde se encargan de todo: cobrar entradas, vender bebidas, actuar y conducir a los espectadores a través de un subterráneo, que comunica las dos partes de este extraño local, y que constituye un ingrediente importante en el espectáculo. “A pesar de la situación”, cuenta Pere, “en el panorama cultural de Palma han aparecido propuestas interesantes. La gente ha dejado de hacerse pajas mentales y empieza a idear cosas que conecten con el público”.

Talleres en casa

Otra propuesta innovadora es la que lleva a cabo Cultura a Casa desde el año pasado, organizando conciertos, teatro, danza o talleres en casas, jardines, terrazas o azoteas particulares. “Ponemos en contacto al público con los anfitriones (que ceden sus espacios de forma gratuita) y los artistas en toda la isla”, explica Tina Codina, gestora cultural y parte del proyecto, “y la respuesta está siendo tan buena que planeamos hacer un festival de artes visuales y escénicas para septiembre”. Las entradas se venden en la página web y el precio oscila entre 5 y 7 euros.

Espacio de arte Capdesmoro Al Quinto Pino Art Club, en Santayí (Mallorca).

Galerías en pueblos

Mallorca es pionera en un fenómeno que está llamado a crecer cada vez más: la desvinculación de la cultura con los grandes núcleos urbanos. Muchas galerías de arte se ubican en pueblos o en medio del bosque, como Capdesmoro Al Quinto Pino Art Club (carretera de Santanyí-S’Amarador, kilómetro 4,3. Santanyí. 660 00 45 42), un espacio alternativo, sin ánimo de lucro ni cobro de comisiones, que brinda oportunidades a artistas extranjeros y locales. La idea partió del matrimonio de pintores Peter Marquart, austriaco, y Josefina Pino, mallorquina, que comparten su taller con este espacio artístico.

Museo Modernista de Sóller (Mallorca).

Modernismo francés

Uno de los museos más interesantes y menos conocidos de la isla, Can Prunera Museo Modernista (Carrer de Sa Lluna, 86. Sóller. 971 63 89 73. Entrada, 5 euros), tampoco se encuentra en Palma, sino en el delicioso pueblo de Sóller, al norte de la isla. Esta localidad destila aire francés por la histórica relación que siempre existió entre él y el país vecino. Antes de que se trazara la carretera, los sollerenses vivían aislados entre montañas, y comerciar con Francia era más fácil que hacerlo con el resto de Mallorca. Hasta la Guerra Civil existió un barco que hacía la ruta Sóller-Marsella y era común que los habitantes de este pueblo emigraran al país francés a hacer fortuna. El modernismo de Can Prunera, con su escalera de caracol, sus vidrieras y sus preciosas baldosas, es diferente del catalán, como explica Antonia María Miró, encargada del museo, “tiene influencia francesa, es más rococó y menos intelectual que el del resto de Mallorca y Cataluña”. El museo incluye exposiciones temporales y una muestra de pintura perteneciente a la Col·lecció d’Art Serra, con obras de Joan Miró, Toulouse Lautrec, Paul Klee o Fernand Léger. Otra de las delicias de Sóller es su horchata de almendra, que puede tomarse en cualquiera de sus terrazas.

Paseo en ‘llaut’, la típica barca mallorquina.

Vivir el mar

Desde la cubierta de un yate, el mar puede verse demasiado lejos, por lo que muchos prefieren hacerlo desde un llaüt,la típica embarcación de pesca mallorquina. El pasado año, Joan Roig creo su empresa, Llaüt Mallorca (663 60 05 91), que ofrece paseos en barca por la zona de Portocolom, al este de la isla. “Sóller, Valldemossa y Portocolom son los puertos mejor conservados de toda Mallorca”, cuenta Roig, “y este último todavía tiene los escars, o barracas de madera, donde se guardaban las embarcaciones”. La excursión dura dos horas y media e incluye entrada a la Cova Grand en barco y degustación de productos (adultos, 42 euros; niños, 34 euros). La zona es abundante en grutas, y muy cerca, en Porto Cristo, están las famosas cuevas del Drach, con reminiscencias siniestras (allí es donde el protagonista de El Verdugo,1963, es interrumpido en sus primeras vacaciones por la Guardia Civil y devuelto a su vergonzante trabajo de matarife.

El escalador Miquel Riera practicando ‘psicobloc’ en los acantilados de Mallorca.

Psicobloc

El deporte de moda de las estrellas de Hollywood, el Stand Up Paddle, puede practicarse también en la isla. “Su éxito está en que es fácil de aprender y proporciona una sensación parecida al surf”, cuenta Sandra, de El Niño Surf Center (Vaixell, 2. Can Pastilla. Palma. 971 49 08 11. Curso de 2 horas, 30 euros), escuela que realiza excursiones y propone conocer la costa mallorquina de pie sobre una tabla de surf y con la única ayuda de un remo. A medio camino entre el mar y la montaña está el Psicobloc, escalada de los acantilados, que se inventó en Mallorca en 1978. La isla está considerada como el mejor lugar del mundo para esta actividad porque la roca calcárea, al erosionarse por la acción del mar, produce grietas y hendiduras a las que agarrarse. Miquel Riera, al frente de Mallorca Top Adventure (Iglesia, 39. Es Capdella. 609 30 34 89. Salida de un día, 175 euros) junto con el californiano Chris Sharma, considerado uno de los mejores escaladores deportivos del mundo, dan cursos, y los visitantes que tengan experiencia pueden hacer salidas con ellos.

Puesta de sol

En cualquier isla no demasiado grande, la puesta de sol es un acontecimiento a celebrar. La más bonita de Mallorca es la que ofrece Sa Foradada, una roca que se adentra en el mar y que tiene un pequeño agujero, como si una bala la hubiera perforado en su margen superior. A veces, cuando el sol se pone, los últimos rayos se filtran por el orificio produciendo un sorprendente efecto. El patio de butacas está en el chiringuito Mirador de sa Foradada (carretera de Valldemossa, kilómetro 65,5. Deià. 971 63 63 41), en el que se puede tomar un mojito o comer algo mientras se escucha música y se es testigo de cómo el mundo pierde su color y se pasa al blanco y negro.

Restaurante Duke, en Palma de Mallorca.

Ocio local

La calle de Santa Catalina, cerca del paseo marítimo de Palma, es el lugar elegido por los extranjeros que viven en la ciudad para buscar casa o montar un negocio, y el ambiente, cosmopolita y políglota, se asemeja al de cualquier capital europea. Por la zona se encuentra el restaurante Duke (Carrer Soler, 36. Palma. 971 07 17 38. Precio aproximado, 30 euros). Nada más entrar vemos una reproducción en grande de la foto Sunset beach (1968), de Leroy Grannis, el fotógrafo del surf. Chicos guapos y bronceados caminan por una playa con sus tablas en la mano. Una buena imagen para resumir la filosofía de este restaurante con mesas compartidas en las que se acaba entablando conversación con el vecino.

La discoteca Cavart Club, a 12 kilómetros de Palma de Mallorca. / Toni Rodríguez

Disco en la cantera

Cavart Club (Camí del Palmer, s/n. Autopista Palma-Llucmajor, salida 12. Palma. 971 49 15 02) es una de las discotecas más nuevas de la noche de Palma y cuenta con el aliciente de su impactante decorado, ya que está instalada en una antigua cantera de marés. Los amantes del jazz pueden acercarse un lunes (de 20.30 a 22.30) a la terraza del hotel Saratoga (Passeig Mallorca, 6, Palma. 971 72 72 40) y asistir a una de sus jam sessions (no hay entrada y se paga solo la copa).

Balneario termal

Tomar las aguas, si no son del mar, no es una opción muy corriente entre los visitantes; sin embargo, existe esa posibilidad en el balneario Sant Joan de la Font Santa (carretera Campos-Colonia Sant Jordi, kilómetro 8,2. Campos. 971 65 57 52), en Campos, muy cerca de Es Trenc. Aquí es donde se producen las únicas aguas termales de origen subterráneo de la isla. Desgraciadamente, el antiguo balneario ha sido modificado y pertenece ahora a un hotel de cinco estrellas, pero muchos mallorquines gustan de pasar un día remojados en agua que no sea salada.

Casa rural S’Arenalet, en Artà (Mallorca).

Casas forestales

Si uno es amante de la naturaleza, odia las aglomeraciones veraniegas y no le da excesiva importancia al lujo, existe una forma muy barata de alojarse, en la red de refugios gestionados por el Gobierno balear. Antiguas casas forestales o de pastores ubicadas en medio de la sierra o al borde del mar. Algunos disponen de cocina y los más básicos no tienen ni camas. Sus precios oscilan entre los 6 euros por día y los 180 euros para uno con capacidad para 30 personas (se reservan en www.caib.es). S’Arenalet, en Artà, y Son Real, en Santa Margalida, son dos de los más bonitos junto al mar.

El último colmado

Javier Mulet delante de La Pajarita, en Palma de Mallorca. / T. Ramón

LA PAJARITA

Javier Mulet está al frente del negocio familiar (pastelería y colmado) que sobrevivió a cinco generaciones y que ha provisto de delicatessen al archiduque Luis Salvador o al escritor Robert Graves. La tienda nació en 1872 y los tatarabuelos de Javier Mulet fueron a Suiza a aprender a hacer bombones. “Nuestro colmado fue pionero en muchas cosas, fuimos los primeros que vendimos plátanos en Mallorca, Moët Chandon, los que tuvimos una máquina para cortar fiambre o un ventilador eléctrico”. Su decoración, de principios de siglo, es una vuelta a la época dorada de las tiendas de ultramarinos.

  • San Nicolau, 2. Palma de Mallorca. 971 71 69 86

Tienda ‘vintage’

Marlene Albaladejo en La Pecera, en Palma de Mallorca. / T. Ramón

LA PECERA

Todas las actividades de Marlene Albaladejo tienen relación con el pasado. Su forma de diseñar zapatos para Carmina Shoemaker, con un acabado artesanal y exquisito —“en 1973 había en Inca 350 firmas de calzado, ahora quedan seis o siete”—; su tienda de muebles vintage La Pecera, en Palma, o su nuevo proyecto que recupera artesanías de Mallorca que ahora agonizan. Como la que hacía las gandulas o tumbonas de las playas de los años sesenta, la que protegía a los payeses del sol con sombreros de paja o las responsables de que las telas de las casas mallorquinas tuvieran carácter propio.

  • La Pecera, Carrer Victòria, 4. Palma. 971 71 80 28

Suecia, en Sóller

Mikael y Johanna Landström, responsables del hotel Espléndido, en Sóller.

HOTEL ESPLÉNDIDO

La primera vez que los suecos Mikael y Johanna Landström llegaron a Mallorca fue en 1990 para trabajar en una cadena hotelera. La isla les cautivó y decidieron ser ellos mismos los que hospedaran a los visitantes. En 1999 abrieron su primer hotel, Portixol, en Palma, y en 2006, Espléndido, en Sóller, reconstruyendo un pequeño establecimiento de playa de los años cincuenta y conservando su estilo. “Nos enamoró porque parecía un decadente hostal de la Costa Azul”, cuenta Mikael. En el otro extremo de la filosofía del todo incluido, Espléndido es un oasis de paz y belleza.

  • Es Traves, 5. Sóller. 971 63 18 50. Habitación doble con desayuno, desde 199 euros.

Sabor a hierbas

Macarena de Castro, chef del restaurante Jardín, en Puerto de Alcudía.

RESTAURANTE JARDÍN

Macarena de Castro es la gran innovadora de la cocina mediterránea. Tiene restaurante propio, Jardín, en Alcudia, con una estrella Michelin, que ganó en 2011. Ha trabajado por todo el mundo y con los grandes: en Arzak, el Bulli o el restaurante Picasso, en Las Vegas, con Julián Serrano. Su estilo es una mezcla de excelentes materias primas, siempre locales, más un toque artístico. “Si tuviera que estar en una isla desierta y solo pudiese tener algunos productos elegiría el aceite de oliva, huevo, arroz, hinojo y hierbas frescas”. Este año abrirá restaurante en Uruguay.

Acerca de A. R. A

Tony R. Álvarez nacido en Algeciras provincia de Cadiz -Andalucia Spain, trabajo y resido en Algeciras. Consultor Hotelero.

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