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Mingote inédito y censurado

aNTONIO ASTORGA / MADRID
Día 24/12/2012

Desvelamos chistes y dibujos que la censura prohibió al maestro en ABC

Mingote inédito y censurado

ernesto agudo

La llaga purulenta (que no mosca) de la censura obligó a Antonio Mingote y a sus cofrades del buen humor a afinar la intención, propinarles vueltas y vueltas de tuerca a las cosas, apuntar por elevación («creo que se dice así en artillería»), hacer ejercicios de elipsis, sobreentendidos y ambigüedades. «Esto no es deseable, pero ha tenido por consecuencia unas herramientas más pulidas y un ingenio más aguzado», confesaba el maestro a propósito de la guillotina censora. Hoy ABC desvela algunos de los chistes y dibujos que la censura de Franco prohibió a Antonio Mingote en este periódico. Gracias a la generosidad de su viuda y alma, Isabel Vigiola, y al exquisito cuidado con el que junto con Chus Tristancho cuida del oceánico legado del dibujante, hemos podido acceder al sanctasanctórum del maestro, 20.000 leguas de viaje submarino en el Nautilus del DIBUJANTE del humor. [Galería: Mingote inédito y censurado]

Mingote inédito en ABC, y censurado, un regalo para los ojos en cinco apartados: Franco y la dictadura (tres chistes que Mingote nunca quiso que se publicaran, y que realizó para regalárselos a sus amigos); políticos -a los que Antonio les tenía gato- y militares -a quienes Mingote respetaba absolutamente y nunca ridiculizó-; Iglesia (curas y beatas, chispazos mágicos que no pasaban el corte de la censura) y sociedad, donde Mingote volcaba una bondad y ternura inalcanzable, vigente y plena.

Sostenía Mingote, con gran sabiduría, que la censura condicionó el desarrollo del humor español podándole ramas: «Por eso ha permi  tido que otras crezcan más. En la época de la censura más rigurosa no se pudo hacer humor político, pero se fustigaron la cursilería, la seriedad asnal, la pacatería desenfrenada, la burocracia ineficaz, los enriquecimientos sorprendentes, la anormal pasión deportiva… ¿Es más importante criticar la política de unos pocos que la conducta de toda una sociedad? Prescindiendo de los logros (si es que se logra algo con los chistes), ¿es más útil criticar la actuación de un político -individuo fatalmente provisional- que las costumbres de un país? Personalizar la crítica o el comentario es saludable, pero cuando ese ejercicio se hace difícil o imposible el humorista lo suple con la generalización, que puede ser eficaz».

«La censura pierde»

¿Quién gana la guerra entre censura e ingenio? Mingote fulmina: «Al final, la censura pierde. Porque lo que no se publica se cuenta, comenta, amplía, magnifica, y consigue una audiencia desproporcionada. Todo lo cual, con la ausencia de la censura quedaría reducido a sus justos y razonables términos». No tenía él conciencia de que la censura le condicionara, «aunque probablemente lo haya hecho; los efectos de la censura son incalculables. He procurado hacer siempre todo lo que se me ha ocurrido; naturalmente, no todo se ha publicado».

«He procurado hacer siempre todo lo que se me ha ocurrido»

Y cuando se publicaba, como un exquisito caballero andante allá acudía Mingote a defender su dignidad donde se terciara. Como ante el Tribunal de Orden Público (TOP). «Resulta que todos los días se leían noticias de gente que defraudaba, de una manera o de otra -explicaba el maestro-. Y yo publiqué un dibujo en ABC de una botella de güisqui en el que ponía: Reserva espiritual de Occidente -que es lo que decía Franco que era España-, con tapón irrellenable. Fui citado por el TOP, acusado de ultraje a la nación. No se puede imaginar el espanto que me produjo ser acusado de ¡ultraje a la nación! por un chiste. El juez era un hombre razonable, supongo que había actuado por presiones de unos y de otros, me tomó declaración y aquello pasó sin pena ni gloria». Recuerda Isabel que Su Señoría le preguntó a Antonio muy serio si él creía que España no era la Reserva Espiritual de Occidente. Y Antonio, ese genio -en palabras de Edgar Neville– que no quería que se supiera que lo era, el hombre bueno y tímido, remató: «Pues no. Lo siento, pero no creo que seamos la Reserva Espiritual de Occidente».

El «Guadalquivir de ABC»

Franco entrando bajo palio en una catedral entre una cohorte de obispos, y una gárgola angelical pidiendo permiso para anunciar su llegada a las órdenes de un «¿Toco?», era un dibujo impensable en aquella época, año 1953. Pues el genio Mingote lo hizo, pero no con intención de publicarlo.

«¿Toco?», era un dibujo impensable en aquella época

Torcuato Luca de Tena fue nombrado director de ABC -«cargo en el que solo duré once meses porque fui destituido por orden gubernativa tras once expendientes por no obedecer las órdenes de la censura»-, e incorporó a una brillante promoción de jóvenes talentos. A uno de ellos, Antonio Mingote, le pidió unas «pruebas», y el genio le envió dibujos como el de Franco bajo palio, que desvelamos hoy. Explicaba Luca de Tena: «Como es obvio, tal dibujo en aquel tiempo era impensable». Don Torcuato consultó a su padre sobre la necesidad de incorporar a un dibujante de humor porque «lo de caricaturista le quedaba chico» a Antonio Mingote, y el genio se convirtió en «el Guadalquivir de ABC».

El globo del «reajuste»

«Querido Antonio, la Dirección me encarga que haga llegar a tus manos el adjunto original. Así lo hago, con sentimiento». «Mi querido amigo: siento tener que devolverle a usted el adjunto dibujo, que ha sido prohibido por la Censura. Un cordial saludo de su afectísimo». «Querido Antonio, estábamos en duda y enviamos a Censura preventiva el original: no ha sido autorizado y te lo devuelvo. Un fuerte abrazo».

El maestro recibía ora sulfurado ora resignado la zarpa censora

El maestro Mingote recibía ora sulfurado ora resignado la zarpa censora gubernativa. En otras ocasiones, detrás del dibujo, aparecía encerrado en letras rojas el verbo: «Devolver». Los dibujos se acompañaban a veces con una tarjeta: «Imposible. Veto unánime. Vivamente lo siento. Con afecto». En otro chiste se le pide: «Por haber sido tachado el pie por la Censura, le estimaremos lo sustituya por otro remitiéndonos nuevamente este dibujo». Hasta en dos ocasiones se le tachó el del dibujo del abuelo con su nieto (sobre estas líneas): 1. «No, hijo. Lo que le pasa a ese globo no se llama reajuste. Verás…»; 2. «No, hijo, no se trata de una evolución. Eso es cuando se habla de los precios».

«En rigor Cristo fue sacerdote, no cura»

Los chistes sobre religión de Antonio Mingote, un clásico, pasaban varias cribas. En el dibujo de la izquierda, se le pide a un siervo de Dios que valore la viñeta del maestro. La carta es larga, y en ella P. Martín escribe al respecto:

«Pedro: no sé realmente qué decirte. A mí el chiste me parece muy bueno, aunque me pregunto si el lector medio va a entenderlo. En rigor teológico Cristo fue sacerdote, pero no cura, lo que hoy entendemos por cura, alguien que forma parte de un estamento clerical. Diciendo que “Cristo no fue clérigo” la cosa quedaría clara, pero estropearíamos el chiste. Diciendo que no fue “cura” tal vez confundamos al lector que tiende a identificar “cura” y “sacerdote”. En resumen: no vería obstáculo en que el chiste se publicara, pero tal vez fuera mejor que el mismo Mingote repensara un poco el pie. Sin duda él encontrará la manera de aclarar sin estropear. Un saludo». Pedro de Lorenzo, entonces director adjunto de ABC, acompaña con su tarjeta la carta sacerdotal, y en ella anota: «Querido Antonio, nuestro cura no es precisamente un beato. Me encantaría que encontraras la fórmula. Siempre queriéndote».

Rabiosamente actual y vigente

Antonio Mingote era un sabio de otra época, un precursor, un adelantado a su tiempo, un pensador plenamente actual. Fíjense en el dibujo censurado, sobre estas líneas, en el que el maestro se anticipa enmás de medio siglo al cine del destape y a los programas televisivos del hígado. En el ángulo superior derecho, otra joya amordazada en aquel tiempo, que hoy cobra rabiosa atualidad: frente al Ministerio de Educación y Ciencia protestan estudiantes, padres, profesores, bedeles y hasta el preboste de turno. O la «Victoria de Lepanto», a la que la llaga censora apeó de la palabra «cristiana», al pie de la letra.

Acerca de A. R. A

Tony R. Álvarez nacido en Algeciras provincia de Cadiz -Andalucia Spain, trabajo y resido en Algeciras. Consultor Hotelero.

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